Mensaje de Mons. Víctor Manuel Fernández en la celebración por la paz social - Catedral de La Plata

08/10/2018

Muchos aquí tienen sentido social, y no aceptan que seamos una mera suma de individuos como quiere el liberalismo extremo. Les guste o no vamos a seguir diciendo que somos pueblo.

Muchos aquí buscan sinceramente el bien de los trabajadores y de los últimos de la sociedad.

Muchos aquí no se resignan a una política reducida a las finanzas internacionales, a una economía que apunta más a la especulación que a la producción y al trabajo.

Y muchos quieren posibilidades de desarrollo para todos los argentinos. Por eso, por ejemplo, soñamos con tener al menos un espigón del puerto en esta zona y no un gran puerto saturado en Buenos Aires.

Muchos sostienen estos sueños con coherencia.

Otros, quizás se dejaron cautivar por la corrupción, la riqueza fácil, por el bien propio por encima del bien de los trabajadores, o los ha cebado una sed de poder y de gloria que al final lleva al vacío total. Cada uno de ustedes, en su corazón, sabrá cuál es su propia realidad.

Pero este momento histórico nos exige pensar a lo grande, pensar como Nación, y entonces ser capaces de construir con la diferencia. Y me refiero tanto las diferencias que podamos tener con el gobierno como a las que pueda haber entre nosotros.

No somos iguales en todo y tenemos diferentes perspectivas. Pero algunos interesados apuestan a dividir a los que defendemos los derechos sociales y no tenemos que caer en esa trampa dañina y peligrosa.

Porque cuando hay amor al pueblo y te interesa el bien del pueblo por encima de todo, entonces sos capaz de comerte algunas broncas, de amansar tus ambiciones, y de trabajar también con los que no te gustan tanto.

El Papa Francisco nos invita siempre a persistir en esta vocación de encuentro. Todos somos argentinos y hay gente noble de todos los colores políticos. No le pidas a alguien que sea puro o perfecto para poder conectarte, buscar algún punto de encuentro, algo que nos contacte, algo en común detrás de todas las diferencias que nos permita a los dos acordar algo bueno para el pueblo.

Lo hacía el Cura Brochero, cuando era capaz de conversar con algunos políticos que no le gustaban mucho, pero siempre, con un poco de viveza y de realismo, les sacaba algo para sus serranos.

Se trata de pensar en el bien posible, en eso que hoy sí podemos llegar a lograr. No todo se puede ya, y siempre es mejor pelear buscando un punto de encuentro que pelear sólo por mantener un espacio de poder. La guerra social a la larga siempre daña a los más débiles.

Más que dominar espacios y mantener mi poder, se trata de desatar procesos, procesos que sigan trabajando subterráneamente, culturalmente, hasta desatar una fuerza que no se puede esconder ni frenar. Si ganas un espacio pero no desatás un nuevo proceso, eso es pan para hoy y más hambre para mañana.

Pero para eso hay que estar dispuestos a transformar algo, a dejar de repetir lo que uno hizo siempre y encontrar caminos nuevos con apertura y creatividad. Y entonces puede ser que nos animemos a negociar algo nuevo, algo que no habíamos imaginado en otras épocas, algo nuevo donde, al menos en parte, los dos podamos superar nuestras diferencias para bien del pueblo.

Ese tipo que piensa tan, tan distinto, que tiene una ideología que yo nunca aceptaría, sin embargo no es el mal absoluto, no es el error absoluto. Entonces, ¿no hay algo que él también pueda aportar, desde su punto de vista, para un proyecto de Nación? ¿No puede aportar algo útil, algo que sirva en una sociedad donde hay lugar para todos?

Esto no es anular el conflicto ni esconderlo. Es como dice el Papa Francisco: “Hay que aceptar sufrir el conflicto, resolverlo y transformarlo en el eslabón de un nuevo proceso” (EG 227). Es salir por arriba construyendo algo nuevo.

Todos estamos llamados a evolucionar porque el mundo cambia, los lenguajes cambian, las estructuras cambian, las posibilidades son otras, y si nos descuidamos la realidad se nos escapa de las manos. Y “la única verdad es la realidad”.

El problema es que, como sigue diciendo Francisco,  si nos quedamos atrapados en el conflicto, perdemos perspectivas, los horizontes se limitan y la realidad queda fragmentada” (EG 226).

Seamos capaces de seguir soñando un proyecto de todos los argentinos y para todos los argentinos. Esa es una lucha que construye, pero no es esa falsa paz que tranquiliza las conciencias, que a los pobres sólo les pide que sigan esperanza y que confíen en recetas inseguras que suenan a cantos de sirena. A esa paz no la queremos porque somos personas y somos pueblo, y no nos resignamos.

 

Mons. Víctor Manuel Fernández
Arzobispo de La Plata
 

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