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REFLEXIONES JUNTO A LA VIRGEN

DEL VALLE

 

 

 Al cumplirse el Centenario de la coronación de Nuestra Señora del Valle, en cuya devoción se centra la vida religiosa de Catamarca y su región de influencia, el Episcopado se traslada a la ciudad de San Fernando del Valle de Catamarca para participar de los actos celebratorios. Casi setenta obispos se hallan presentes el domingo 14 de abril en la concelebración eucarística presidida por el Legado Papal Cardenal Juan Carlos Aramburu y la posterior procesión multitudinaria con la consagrada imagen. También en esa oportunidad se recuerda un acontecimiento relevante de la vida eclesial de Catamarca, como lo es el centenario de la apertura del Seminario Diocesano. La oportunidad de ambos festejos es aprovechada por el Episcopado para celebrar la 61a Asamblea Plenaria, la que al finalizar sus deliberaciones hace pública sus Reflexiones en torno a la realidad nacional. El secularismo, la injusticia, la corrupción generalizada, la inseguridad e insuficiencia jurídica, la pobreza, son algunas de las cuestiones que ocupan al Episcopado, a la vez que invita a los fieles, en la perseverancia, en el testimonio cristiano y en los esfuerzos dirigidos a la reconstrucción cristiana del orden temporal.

 

 

 

 

 

La Vírgen del Valle

 

 

         1. Hemos venido a Catamarca para venerar a María Santísima en su advocación de Nuestra Señora del Valle, al cumplirse el centenario de su coronación. Quisimos hacer nuestro el humilde caminar del pueblo que, animado por una filial confianza en su Madre, celebra sus fiestas y visita sus santuarios diseminados en todo país. Y nos hemos encontrado con una manifestación de fe desbordante y piadosa, de un pueblo creyente que demuestra su amor por María y su alegría por honrarla. Ha sido para nosotros una experiencia eclesial que nos ha mostrado cuánto se ha enraizado la devoción mariana en la cultura de la región, y nos lleva a confiar que esa misma fe ayudará a este pueblo a superar los difíciles momentos que atraviesa.

Pusimos a los pies de la Virgen nuestra acción de gracias que, mediante Jesucristo, elevamos al Padre, por este don tan grande que nos permite seguir alentando nuevas esperanzas.

Pedimos por todos, particularmente por los más pobres, débiles y sufrientes; y también por nosotros, para ser fieles a la misión que el Señor nos confía.

 

La Crisis

 

2. En el documento «Líneas Pastorales» analizamos dos desafíos a la evangelización: el secularismo, que es el intento de construir la sociedad prescindiendo de Dios, y la injusticia (LPNE. 1 l).

Desde esta perspectiva queremos volver a decir una palabra acerca de la realidad nacional. Como pastores de la Iglesia, somos portavoces de lo que ven y sienten muchos sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles laicos, que acompañan a nuestro pueblo con tenaz perseverancia y silencioso esfuerzo. Con ellos compartimos cotidianamente las alegrías y las angustias de todos, y estamos presentes en distintos lugares y en ambientes muy diversos. Así la Iglesia escucha y acompaña, sufre y goza, consuela y levanta la esperanza de muchos argentinos.

 

3. Desde hace mucho tiempo padecemos un progresivo deterioro que tiene su raíz en el pecado y nos lleva a preguntarnos ¿qué hemos hecho con nuestra patria, con nuestro presente y nuestro porvenir? Recuperado el sistema democrático, como pueblo libre estamos en manos de nuestras propias decisiones. ¿Por qué no podemos conciliar la convivencia en libertad con la concreción de una sociedad más justa?

 

4. Cuestionados por estos interrogantes, destinamos estas reflexiones a todos los argentinos pero muy especialmente a los que tienen alguna actividad directiva en nuestra sociedad, ya que, como lo hemos afirmado en otras ocasiones, nuestra responsabilidad en la crisis es mayor (Com. Permanente 21/3/90). Por eso nosotros también aceptamos la interpelación de la realidad y reconocemos nuestras propias falencias. Quizá nos ha faltado en nuestro testimonio y en la presentación del mensaje, la claridad y firmeza necesarias para que la fe en Jesucristo aparezca íntimamente ligada al amor al prójimo y el respeto por la dignidad de todo hombre que  está llamado a ser hijo de Dios.

Junto a los demás dirigentes y al pueblo entero, debemos preguntarnos: ¿qué estamos haciendo con nuestra patria? ¿qué estamos haciendo con nosotros mismos?

 

Nuestras debilidades

 

5. Estamos perdiendo lo que tenemos, lo que generosamente Dios ha regalado con la abundancia de esta tierra y lo que afanosamente lograron nuestros antepasados con su trabajo generoso.

 

6. Pero también estamos perdiendo lo que somos. Lo comprobamos en el orden moral, con una corrupción generalizada que nos destruye como personas y como sociedad y que se manifiesta en el comercio de drogas, la coima, el soborno, el juego, la difamación y la calumnia, como también en toda otra alteración sistemática de valores morales. Es necesario decir, con toda claridad, que el respeto por la vida, la familia, la educación, el sentido del trabajo y el bien común están sufriendo notable deterioro.

Todo el que de algún modo participa en la corrupción se pierde a sí mismo en su dignidad personal y agrede la dignidad de los demás a quienes perjudica.

 

 

7.Una nación corre también gran riesgo de perderse a sí misma cuando su sistema jurídico se vuelve insuficiente e inestable. Las sorpresivas alteraciones de las «reglas de juego», la complicación y superposición de leyes y reglamentos, crean en los espíritus una dolorosa. sensación de indefensión. Es de suma importancia establecer un más rápido camino procesal para hacer eficiente la justicia, a fin de que las penas que imponga adquieran sentido medicinal en la sociedad, y la impunidad no haga más fácil la corrupción, ni más creciente la inseguridad de los ciudadanos que a veces ven libre al culpable, mientras el inocente permanece agraviado.

El fortalecimiento de las instituciones de la vida democrática comienza por el claro testimonio de la majestad de la justicia, su total independencia y la probidad de sus magistrados. Alentamos a quienes, con sacrificio personal y superando las falencias del sistema, se esfuerzan en cumplir cabalmente su misión.

 

             8. Nos preocupa de modo particular la situación de los más pobres. Ellos son los que más

han sufrido los sucesivos ajustes económicos. Son los que están más indefensos, los que carecen de alimentación suficiente y debida atención a su salud, y son ellos los más perjudicados por el aumento del analfabetismo. Las estadísticas nos dicen que la brecha entre ricos y pobres se agranda cada vez más, y la marginalidad creciente tiende a instalarse de manera endémica, en nuestra sociedad.

Porque no se puede sacrificar el presente de los más pobres en aras de un futuro incierto, se hace urgente la sostenida implementación de una política social con programas concretos de asistencia y promoción que involucren como protagonistas a los mismos interesados.

 

Nuestras fortalezas

 

9. No obstante los males morales comprobados, existe una honestidad básica en nuestro pueblo que procede de valores espirituales  fuertemente arraigados. Quizá como contrapartida de la desconfianza que la situación provoca, hemos asistido en los últimos tiempos a muchas acciones no violentas reclamando justicia donde la ley debía haber actuado y no lo hizo.

La población va tomando conciencia de las conductas antisociales y se rebela contra ellas denunciándolas sin temor. Es un signo alentador el que la sociedad haya perdido el miedo. Para que estas denuncias no se desvirtúen, es imprescindible evitar los excesos de sensacionalismo y precaverse contra quienes las instrumentan desnaturalizando su finalidad.

 

10. Son numerosas las manifestaciones de solidaridad que se dan sobre todo entre los más pobres, que permiten afrontar la crisis, superando males y marcando rumbos que ayudan a sanear la situación social, compartiendo y uniéndose ante la adversidad.

Son motivo de esperanza los esfuerzos que, en distintos niveles del estado y de la sociedad, se están haciendo para solucionar problemas económicos y morales.

 

11. La misma Iglesia, desafiada hoy a presentar su mensaje en una sociedad pluralista que la interpela, se plantea, por fidelidad a Dios, la necesidad de renovarse para fundar su acción sólo en la fuerza de la verdad que predica y debe vivir.

 

Caminar en la esperanza

 

12. Por ello es necesario decir que si es verdad que vivimos una crisis que afecta al ser y a la vida de la nación, también es verdad que esta crisis puede ser un proceso medular de maduración y desarrollo si, junto a las reformas que se apliquen, nos comprometemos en la renovación interior de las personas, la consolidación de los valores morales y el fortalecimiento de las instituciones.

 

13. Conocemos nuestra responsabilidad y queremos renovar el aliento a todas las actitudes que promuevan la dignidad y la justicia. Creemos que el principal aporte de la Iglesia consiste en la proclamación de nuestra fe en Cristo, Señor de la historia, que nos llama a una verdadera conversión, y en el trabajo silencioso, perseverante y cotidiano de sus miembros, para afianzar los valores evangélicos en los distintos ámbitos de nuestra vida personal y social.

Tal como lo decimos en las Líneas Pastorales para la Nueva Evangelización, evangelizar es humanizar, porque la fe es un potencial dignificador del hombre ya en esta vida. «Esta acción evangelizadora es el aporte que la Iglesia en la Argentina quiere brindar como remedio eficaz y duradero a la crisis moral que padecemos» (LPNE 37). Nadie puede llamarse verdaderamente cristiano si no se compromete en la construcción de un mundo nuevo para hacer reinar la verdad, la justicia, el amor y la paz.

 

14.Todos estamos obligados, hoy más que nunca, a profundizar en nuestro interior para oir el dictado de la recta conciencia. Traicionarla sería traicionarnos a nosotros mismos. Se trata de descubrir lo que es auténticamente valioso para la persona humana. No lo más rentable económicamente, sino lo que nos hace bien como hombres, lo que nos reporta beneficio como personas, lo que nos hace crecer como nación. Todo verdadero desarrollo depende finalmente del crecimiento moral.

 

         15. Queremos por fin dirigirnos a los cristianos, para alentarlos a que no teman seguir a Cristo por el arduo camino del Evangelio. A los demás creyentes los invitamos a perseverar junto a nosotros en el fiel servicio a Dios, que nos llama a construir la nación desde la verdad y el amor a los demás. Y a los no creyentes, les proponemos  que abran su corazón a la riqueza de valores humanos, como el amor solidario y el reconocimiento de las propias obligaciones ante la sociedad.

 

16. Nos iluminan las palabras de Juan Pablo II que en su encíclica nos dice: «Si se mira superficialmente a nuestro mundo, impresionan no pocos hechos negativos que pueden llevar al pesimismo. Más este es un sentimiento injustificado: tenemos fe en Dios Padre y Señor, en su bondad y misericordia» (Redemptoris Missio, 86). En la fe cristiana del pueblo radica el motivo de nuestra esperanza en la recuperación moral de la nación.

 

17. Que en esta hora, María Santísima del Valle, con su protección materna, acompañe el caminar de todos los argentinos. Comprometemos nuestra oración y acción apostólica para que así sea.

 

61ª Asamblea Plenaria

San Fernando del Valle de Catamarca,

20 de abril de 1991