Encuentro Nacional de las delegados de pastoral de Migrantes e Itinerantes de Argentina.

10/06/2018

Acoger, proteger, promover e integrar a los migrantes e itinerantes
 

Del 7 al 9 de junio nos hemos reunido en la Ciudad de Luján, en el Encuentro Nacional de las delegaciones y capellanías de la Pastoral de Migrantes e Itinerantes de Argentina.

La riqueza de las múltiples y variadas experiencias que se están llevando a cabo a lo largo de todo el país, nos han ayudado a reconocer el rostro vivo de Jesús que sigue caminando por nuestras tierras.

Damos gracias a Dios por el trabajo incansable y la generosa dedicación brindada a tantas personas vulnerables y necesitadas, que forman parte de la numerosa movilidad humana que están bajo el cuidado de las pastorales de migración, turismo, de gitanos, de circenses, del mar, de carreteras y demás servicios del Apostolado de la Iglesia.

Así también, una vez más levantamos nuestra voz para denunciar y pedir prontas y justas respuestas ante los problemas en que la vida es amenazada, herida o maltratada por la trata y el tráfico de personas.

En las experiencias compartidas, constatamos –aún más de cerca- la realidad creciente y dramática de las migraciones forzadas y del refugio, especialmente la de Venezuela que nos interpela fuertemente. Es una realidad ante la cual no podemos permanecer indiferentes, pues se impone como un signo de los tiempos para todos y cada uno. Para nosotros, es un fuerte llamado de Dios que espera nuestra respuesta, al mismo tiempo que exige de nuestros gobernantes un compromiso ineludible para poner los medios necesarios y eficaces para, verdaderamente, acoger e integrar a quienes llegan.

En este sentido, la ley 25.871 regula una política migratoria que aún hoy sigue siendo reconocida a nivel mundial. Este cuerpo normativo, reconoce el derecho a la migración como un derecho humano y por tanto esencial e inalienable para todas las personas, que hace de nuestra Nación, desde nuestras bases constitucionales y nuestra historia, un país de “puertas abiertas”. La realidad que viven muchos de los hermanos que hoy llegan a la Argentina y se acercan a nuestras delegaciones solicitando orientación o asistencia, nos lleva a preguntarnos si no las vamos cerrando lentamente.

En los últimos tiempos, observamos que la regularización del estado migratorio se está convirtiendo en una circunstancia compleja y poco accesible para la mayoría de los migrantes.

Por citar algunos ejemplos, existe actualmente  una demora de casi seis meses para conseguir un turno en la Dirección Nacional de Migraciones e iniciar el trámite de regularización migratoria y obtener así el DNI; el hecho que la mayoría de las solicitudes de atención se gestionen vía web, si bien quiere dar celeridad al proceso administrativo, se convierte en un obstáculo significativo y hasta excluyente para aquellos que llegan sin recursos económicos o sin habilidades para moverse en una red, dependiendo de otras personas u organismos que puedan obtener por ellos la  solicitud de atención.

La dilación de los tiempos en el acceso a la regularización migratoria, expone al migrante a una serie de dificultades y peligros no deseados, pues la falta de documentación genera múltiples inconvenientes no sólo para su inserción laboral sino también para el acceso a otros derechos como la educación y la salud.

En el ámbito de la convivencia social, nos preocupa también la relación de las fuerzas de seguridad y las autoridades policiales, especialmente con los vendedores ambulantes migrantes  a quienes en ocasiones se les interpela, se les quita y no siempre se les devuelve la mercadería, o se los detiene sin ningún tipo de respeto por sus derechos.

Acoger a quienes llegan es mucho más que habilitar su entrada: es estar dispuestos a promover su integración social.

Si los mecanismos migratorios que ponen por obra los principios y derechos enumerados en la ley, se van rigidizando o restringiendo paulatinamente, se corre el riesgo de que, sin darnos cuenta, tal vez se vaya cerrando aquella puerta que abrieron todos los hombres y mujeres de buena voluntad que forjaron nuestra Patria, y que la soñaron con un corazón magnánimo capaz de acoger e integrar a todos aquellos “hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino”.

Una vez más a los pies de la Virgen rezamos: “Aquí estamos, Señor, cercanos a María, que desde Luján nos dice: ¡Argentina! ¡Canta y camina! Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos.”

 

Comisión Episcopal de la Pastoral de Migrantes e Itinerantes

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