Jornada Continental de Oración por la Paz: Plegaria propuesta por el CELAM

05/12/2019

Jornada Continental de Oracion por la Paz

Consejo Episcopal Latinoamericano

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El CELAM a través de su Presidencia propone realizar este 12 de dicimebre de 2019 una jornada continental de oración por la paz en América Latina y El Caribe. Se invita a cada país escoger el horario más conveniente y unirse en la plegaria "Hazme un instrumento de tu paz" por esta intención. Y unirse por medio del Santo Rosario, momentos de adoración eucarística o la celebración de la Santa Misa.

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Oficina de Prensa y Comunicación

Conferencia Episcopal Argentina

Decreto de Indulgencias Plenarias por el Año Mariano Nacional

05/12/2019

La Penitenciaria Apostólica por mandato del Santo Padre Francisco concede Indulgencias Plenarias con motivo del Año Mariano Nacional.

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Bajo las condiciones acostumbradas obtendrán Indulgencia los fieles que peregrinen a la Catedral Basílica de la bienaventurada Virgen María del Valle o a otro Santuario o Templo Mariano.

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Adjuntamos decreto traducido al castellano desde el idioma latín.

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Oficina de Prensa y Comunicación

Conferencia Episcopal Argentina

Reunión de Secretarios Ejecutivos

03/12/2019

En día de la fecha, presidida por Monseñor Carlos Malfa, Secretario General de la Conferencia Episcopal Argentina, acompañado por el Padre Pedro Brassesco, Subsecretario, tuvo lugar la reunión de Secretarios Ejecutivos de las comisiones episcopales.

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Participaron del encuentro los distintos secretarios ejecutivos de cada una de las comisiones conformadas junto al Padre Máximo Jurcinovic, Director de la Oficina de Prensa y Comunicación del Episcopado.

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Durante el encuentro se conversaron aspectos referidos al trabajo de las comisiones episcopal es para al Año Mariano y la participación de las mismas durante el IV Congreso Mariano 2020 a celebrarse en la provincia de Catamarca.

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Los secretarios ejecutivos han compartido un balance sobre las labores realizadas por cada una de las comisiones episcopales durante este año y se comenzó a planificar el calendario para el próximo año.

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Damos gracias a Dios y a nuestra Madre Virgen María por las inspiraciones de fe brindadas en el trabajo fraterno.

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Buenos Aires, 3 de diciembre de 2019.

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Oficina de Prensa y Comunicación

Conferencia Episcopal Argentina

Misa por la Patria: Acreditaciones para Medios de Comunicación

03/12/2019

En ocasión de la Misa por la Patria a celebrarse el domingo 8 de diciembre a las 11 hrs. en la Basílica Nuestra Señora de Luján pedimos a los medios de comunicación acreditarse previamente enviando un mail a: comunicacion@cea.org.ar, compartiendo sus datos de contacto (Nombre y Apellido, Mail, Teléfono) y medio al que pertenecen.

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Oficina de Prensa y Comunicación

Conferencia Episcopal Argentina

Carta ante el fallecimiento de Monseñor Miguel Esteban Hesayne, Obispo emérito de Viedma

02/12/2019

Fallecimiento de Mons. Miguel Esteban Hesayne, Obispo emérito de Viedma

01/12/2019

Desde la Diócesis de Azul se comunicó el fallecimiento Mons. Miguel Esteban Hesayne, Obispo Emérito de la Diócesis de Viedma. Encomendemos al Señor a nuestro apreciado Miguel Esteban y a su querido Instituto Cristífero. Pedimos que para Él brille la luz que no tiene fin.

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Oficina de Prensa y Comunicación

Conferencia Episcopal Argentina

El hermoso signo del Pesebre: Carta Apostólica del Santo Padre Francisco

01/12/2019

CARTA APOSTÓLICA

EL HERMOSO SIGNO DEL PESEBRE

DEL SANTO PADRE
FRANCISCO
SOBRE EL SIGNIFICADO Y EL VALOR DEL BELÉN

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1. El hermoso signo del pesebre, tan estimado por el pueblo cristiano, causa siempre asombro y admiración. La representación del acontecimiento del nacimiento de Jesús equivale a anunciar el misterio de la encarnación del Hijo de Dios con sencillez y alegría. El belén, en efecto, es como un Evangelio vivo, que surge de las páginas de la Sagrada Escritura. La contemplación de la escena de la Navidad, nos invita a ponernos espiritualmente en camino, atraídos por la humildad de Aquel que se ha hecho hombre para encontrar a cada hombre. Y descubrimos que Él nos ama hasta el punto de unirse a nosotros, para que también nosotros podamos unirnos a Él.

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Con esta Carta quisiera alentar la hermosa tradición de nuestras familias que en los días previos a la Navidad preparan el belén, como también la costumbre de ponerlo en los lugares de trabajo, en las escuelas, en los hospitales, en las cárceles, en las plazas... Es realmente un ejercicio de fantasía creativa, que utiliza los materiales más dispares para crear pequeñas obras maestras llenas de belleza. Se aprende desde niños: cuando papá y mamá, junto a los abuelos, transmiten esta alegre tradición, que contiene en sí una rica espiritualidad popular. Espero que esta práctica nunca se debilite; es más, confío en que, allí donde hubiera caído en desuso, sea descubierta de nuevo y revitalizada.

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2. El origen del pesebre encuentra confirmación ante todo en algunos detalles evangélicos del nacimiento de Jesús en Belén. El evangelista Lucas dice sencillamente que María «dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada» (2,7). Jesús fue colocado en un pesebre; palabra que procede del latín: praesepium.

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El Hijo de Dios, viniendo a este mundo, encuentra sitio donde los animales van a comer. El heno se convierte en el primer lecho para Aquel que se revelará como «el pan bajado del cielo» (Jn 6,41). Un simbolismo que ya san Agustín, junto con otros Padres, había captado cuando escribía: «Puesto en el pesebre, se convirtió en alimento para nosotros» (Serm. 189,4). En realidad, el belén contiene diversos misterios de la vida de Jesús y nos los hace sentir cercanos a nuestra vida cotidiana.

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Pero volvamos de nuevo al origen del belén tal como nosotros lo entendemos. Nos trasladamos con la mente a Greccio, en el valle Reatino; allí san Francisco se detuvo viniendo probablemente de Roma, donde el 29 de noviembre de 1223 había recibido del Papa Honorio III la confirmación de su Regla. Después de su viaje a Tierra Santa, aquellas grutas le recordaban de manera especial el paisaje de Belén. Y es posible que el Poverello quedase impresionado en Roma, por los mosaicos de la Basílica de Santa María la Mayor que representan el nacimiento de Jesús, justo al lado del lugar donde se conservaban, según una antigua tradición, las tablas del pesebre.

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Las Fuentes Franciscanas narran en detalle lo que sucedió en Greccio. Quince días antes de la Navidad, Francisco llamó a un hombre del lugar, de nombre Juan, y le pidió que lo ayudara a cumplir un deseo: «Deseo celebrar la memoria del Niño que nació en Belén y quiero contemplar de alguna manera con mis ojos lo que sufrió en su invalidez de niño, cómo fue reclinado en el pesebre y cómo fue colocado sobre heno entre el buey y el asno» [1]. Tan pronto como lo escuchó, ese hombre bueno y fiel fue rápidamente y preparó en el lugar señalado lo que el santo le había indicado. El 25 de diciembre, llegaron a Greccio muchos frailes de distintos lugares, como también hombres y mujeres de las granjas de la comarca, trayendo flores y antorchas para iluminar aquella noche santa. Cuando llegó Francisco, encontró el pesebre con el heno, el buey y el asno. Las personas que llegaron mostraron frente a la escena de la Navidad una alegría indescriptible, como nunca antes habían experimentado. Después el sacerdote, ante el Nacimiento, celebró solemnemente la Eucaristía, mostrando el vínculo entre la encarnación del Hijo de Dios y la Eucaristía. En aquella ocasión, en Greccio, no había figuras: el belén fue realizado y vivido por todos los presentes [2].

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Así nace nuestra tradición: todos alrededor de la gruta y llenos de alegría, sin distancia alguna entre el acontecimiento que se cumple y cuantos participan en el misterio.

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El primer biógrafo de san Francisco, Tomás de Celano, recuerda que esa noche, se añadió a la escena simple y conmovedora el don de una visión maravillosa: uno de los presentes vio acostado en el pesebre al mismo Niño Jesús. De aquel belén de la Navidad de 1223, «todos regresaron a sus casas colmados de alegría» [3].

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3. San Francisco realizó una gran obra de evangelización con la simplicidad de aquel signo. Su enseñanza ha penetrado en los corazones de los cristianos y permanece hasta nuestros días como un modo genuino de representar con sencillez la belleza de nuestra fe. Por otro lado, el mismo lugar donde se realizó el primer belén expresa y evoca estos sentimientos. Greccio se ha convertido en un refugio para el alma que se esconde en la roca para dejarse envolver en el silencio.

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¿Por qué el belén suscita tanto asombro y nos conmueve? En primer lugar, porque manifiesta la ternura de Dios. Él, el Creador del universo, se abaja a nuestra pequeñez. El don de la vida, siempre misterioso para nosotros, nos cautiva aún más viendo que Aquel que nació de María es la fuente y protección de cada vida. En Jesús, el Padre nos ha dado un hermano que viene a buscarnos cuando estamos desorientados y perdemos el rumbo; un amigo fiel que siempre está cerca de nosotros; nos ha dado a su Hijo que nos perdona y nos levanta del pecado.

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La preparación del pesebre en nuestras casas nos ayuda a revivir la historia que ocurrió en Belén. Naturalmente, los evangelios son siempre la fuente que permite conocer y meditar aquel acontecimiento; sin embargo, su representación en el belén nos ayuda a imaginar las escenas, estimula los afectos, invita a sentirnos implicados en la historia de la salvación, contemporáneos del acontecimiento que se hace vivo y actual en los más diversos contextos históricos y culturales.

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De modo particular, el pesebre es desde su origen franciscano una invitación a “sentir”, a “tocar” la pobreza que el Hijo de Dios eligió para sí mismo en su encarnación. Y así, es implícitamente una llamada a seguirlo en el camino de la humildad, de la pobreza, del despojo, que desde la gruta de Belén conduce hasta la Cruz. Es una llamada a encontrarlo y servirlo con misericordia en los hermanos y hermanas más necesitados (cf. Mt 25,31-46).

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4. Me gustaría ahora repasar los diversos signos del belén para comprender el significado que llevan consigo. En primer lugar, representamos el contexto del cielo estrellado en la oscuridad y el silencio de la noche. Lo hacemos así, no sólo por fidelidad a los relatos evangélicos, sino también por el significado que tiene. Pensemos en cuántas veces la noche envuelve nuestras vidas. Pues bien, incluso en esos instantes, Dios no nos deja solos, sino que se hace presente para responder a las preguntas decisivas sobre el sentido de nuestra existencia: ¿Quién soy yo? ¿De dónde vengo? ¿Por qué nací en este momento? ¿Por qué amo? ¿Por qué sufro? ¿Por qué moriré? Para responder a estas preguntas, Dios se hizo hombre. Su cercanía trae luz donde hay oscuridad e ilumina a cuantos atraviesan las tinieblas del sufrimiento (cf. Lc 1,79).

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Merecen también alguna mención los paisajes que forman parte del belén y que a menudo representan las ruinas de casas y palacios antiguos, que en algunos casos sustituyen a la gruta de Belén y se convierten en la estancia de la Sagrada Familia. Estas ruinas parecen estar inspiradas en la Leyenda Áurea del dominico Jacopo da Varazze (siglo XIII), donde se narra una creencia pagana según la cual el templo de la Paz en Roma se derrumbaría cuando una Virgen diera a luz. Esas ruinas son sobre todo el signo visible de la humanidad caída, de todo lo que está en ruinas, que está corrompido y deprimido. Este escenario dice que Jesús es la novedad en medio de un mundo viejo, y que ha venido a sanar y reconstruir, a devolverle a nuestra vida y al mundo su esplendor original.

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5. ¡Cuánta emoción debería acompañarnos mientras colocamos en el belén las montañas, los riachuelos, las ovejas y los pastores! De esta manera recordamos, como lo habían anunciado los profetas, que toda la creación participa en la fiesta de la venida del Mesías. Los ángeles y la estrella son la señal de que también nosotros estamos llamados a ponernos en camino para llegar a la gruta y adorar al Señor.

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«Vayamos, pues, a Belén, y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos ha comunicado» (Lc 2,15), así dicen los pastores después del anuncio hecho por los ángeles. Es una enseñanza muy hermosa que se muestra en la sencillez de la descripción. A diferencia de tanta gente que pretende hacer otras mil cosas, los pastores se convierten en los primeros testigos de lo esencial, es decir, de la salvación que se les ofrece. Son los más humildes y los más pobres quienes saben acoger el acontecimiento de la encarnación. A Dios que viene a nuestro encuentro en el Niño Jesús, los pastores responden poniéndose en camino hacia Él, para un encuentro de amor y de agradable asombro. Este encuentro entre Dios y sus hijos, gracias a Jesús, es el que da vida precisamente a nuestra religión y constituye su singular belleza, y resplandece de una manera particular en el pesebre.

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6. Tenemos la costumbre de poner en nuestros belenes muchas figuras simbólicas, sobre todo, las de mendigos y de gente que no conocen otra abundancia que la del corazón. Ellos también están cerca del Niño Jesús por derecho propio, sin que nadie pueda echarlos o alejarlos de una cuna tan improvisada que los pobres a su alrededor no desentonan en absoluto. De hecho, los pobres son los privilegiados de este misterio y, a menudo, aquellos que son más capaces de reconocer la presencia de Dios en medio de nosotros.

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Los pobres y los sencillos en el Nacimiento recuerdan que Dios se hace hombre para aquellos que más sienten la necesidad de su amor y piden su cercanía. Jesús, «manso y humilde de corazón» (Mt 11,29), nació pobre, llevó una vida sencilla para enseñarnos a comprender lo esencial y a vivir de ello. Desde el belén emerge claramente el mensaje de que no podemos dejarnos engañar por la riqueza y por tantas propuestas efímeras de felicidad. El palacio de Herodes está al fondo, cerrado, sordo al anuncio de alegría. Al nacer en el pesebre, Dios mismo inicia la única revolución verdadera que da esperanza y dignidad a los desheredados, a los marginados: la revolución del amor, la revolución de la ternura. Desde el belén, Jesús proclama, con manso poder, la llamada a compartir con los últimos el camino hacia un mundo más humano y fraterno, donde nadie sea excluido ni marginado.

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Con frecuencia a los niños —¡pero también a los adultos!— les encanta añadir otras figuras al belén que parecen no tener relación alguna con los relatos evangélicos. Y, sin embargo, esta imaginación pretende expresar que en este nuevo mundo inaugurado por Jesús hay espacio para todo lo que es humano y para toda criatura. Del pastor al herrero, del panadero a los músicos, de las mujeres que llevan jarras de agua a los niños que juegan..., todo esto representa la santidad cotidiana, la alegría de hacer de manera extraordinaria las cosas de todos los días, cuando Jesús comparte con nosotros su vida divina.

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7. Poco a poco, el belén nos lleva a la gruta, donde encontramos las figuras de María y de José. María es una madre que contempla a su hijo y lo muestra a cuantos vienen a visitarlo. Su imagen hace pensar en el gran misterio que ha envuelto a esta joven cuando Dios ha llamado a la puerta de su corazón inmaculado. Ante el anuncio del ángel, que le pedía que fuera la madre de Dios, María respondió con obediencia plena y total. Sus palabras: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38), son para todos nosotros el testimonio del abandono en la fe a la voluntad de Dios. Con aquel “sí”, María se convertía en la madre del Hijo de Dios sin perder su virginidad, antes bien consagrándola gracias a Él. Vemos en ella a la Madre de Dios que no tiene a su Hijo sólo para sí misma, sino que pide a todos que obedezcan a su palabra y la pongan en práctica (cf. Jn 2,5).

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Junto a María, en una actitud de protección del Niño y de su madre, está san José. Por lo general, se representa con el bastón en la mano y, a veces, también sosteniendo una lámpara. San José juega un papel muy importante en la vida de Jesús y de María. Él es el custodio que nunca se cansa de proteger a su familia. Cuando Dios le advirtió de la amenaza de Herodes, no dudó en ponerse en camino y emigrar a Egipto (cf. Mt 2,13-15). Y una vez pasado el peligro, trajo a la familia de vuelta a Nazaret, donde fue el primer educador de Jesús niño y adolescente. José llevaba en su corazón el gran misterio que envolvía a Jesús y a María su esposa, y como hombre justo confió siempre en la voluntad de Dios y la puso en práctica.

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8. El corazón del pesebre comienza a palpitar cuando, en Navidad, colocamos la imagen del Niño Jesús. Dios se presenta así, en un niño, para ser recibido en nuestros brazos. En la debilidad y en la fragilidad esconde su poder que todo lo crea y transforma. Parece imposible, pero es así: en Jesús, Dios ha sido un niño y en esta condición ha querido revelar la grandeza de su amor, que se manifiesta en la sonrisa y en el tender sus manos hacia todos.

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El nacimiento de un niño suscita alegría y asombro, porque nos pone ante el gran misterio de la vida. Viendo brillar los ojos de los jóvenes esposos ante su hijo recién nacido, entendemos los sentimientos de María y José que, mirando al niño Jesús, percibían la presencia de Dios en sus vidas.

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«La Vida se hizo visible» (1Jn 1,2); así el apóstol Juan resume el misterio de la encarnación. El belén nos hace ver, nos hace tocar este acontecimiento único y extraordinario que ha cambiado el curso de la historia, y a partir del cual también se ordena la numeración de los años, antes y después del nacimiento de Cristo.

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El modo de actuar de Dios casi aturde, porque parece imposible que Él renuncie a su gloria para hacerse hombre como nosotros. Qué sorpresa ver a Dios que asume nuestros propios comportamientos: duerme, toma la leche de su madre, llora y juega como todos los niños.

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Como siempre, Dios desconcierta, es impredecible, continuamente va más allá de nuestros esquemas. Así, pues, el pesebre, mientras nos muestra a Dios tal y como ha venido al mundo, nos invita a pensar en nuestra vida injertada en la de Dios; nos invita a ser discípulos suyos si queremos alcanzar el sentido último de la vida.

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9. Cuando se acerca la fiesta de la Epifanía, se colocan en el Nacimiento las tres figuras de los Reyes Magos. Observando la estrella, aquellos sabios y ricos señores de Oriente se habían puesto en camino hacia Belén para conocer a Jesús y ofrecerle dones: oro, incienso y mirra. También estos regalos tienen un significado alegórico: el oro honra la realeza de Jesús; el incienso su divinidad; la mirra su santa humanidad que conocerá la muerte y la sepultura.

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Contemplando esta escena en el belén, estamos llamados a reflexionar sobre la responsabilidad que cada cristiano tiene de ser evangelizador. Cada uno de nosotros se hace portador de la Buena Noticia con los que encuentra, testimoniando con acciones concretas de misericordia la alegría de haber encontrado a Jesús y su amor.

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Los Magos enseñan que se puede comenzar desde muy lejos para llegar a Cristo. Son hombres ricos, sabios extranjeros, sedientos de lo infinito, que parten para un largo y peligroso viaje que los lleva hasta Belén (cf. Mt 2,1-12). Una gran alegría los invade ante el Niño Rey. No se dejan escandalizar por la pobreza del ambiente; no dudan en ponerse de rodillas y adorarlo. Ante Él comprenden que Dios, igual que regula con soberana sabiduría el curso de las estrellas, guía el curso de la historia, abajando a los poderosos y exaltando a los humildes. Y ciertamente, llegados a su país, habrán contado este encuentro sorprendente con el Mesías, inaugurando el viaje del Evangelio entre las gentes.

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10. Ante el belén, la mente va espontáneamente a cuando uno era niño y se esperaba con impaciencia el tiempo para empezar a construirlo. Estos recuerdos nos llevan a tomar nuevamente conciencia del gran don que se nos ha dado al transmitirnos la fe; y al mismo tiempo nos hacen sentir el deber y la alegría de transmitir a los hijos y a los nietos la misma experiencia. No es importante cómo se prepara el pesebre, puede ser siempre igual o modificarse cada año; lo que cuenta es que este hable a nuestra vida. En cualquier lugar y de cualquier manera, el belén habla del amor de Dios, el Dios que se ha hecho niño para decirnos lo cerca que está de todo ser humano, cualquiera que sea su condición.

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Queridos hermanos y hermanas: El belén forma parte del dulce y exigente proceso de transmisión de la fe. Comenzando desde la infancia y luego en cada etapa de la vida, nos educa a contemplar a Jesús, a sentir el amor de Dios por nosotros, a sentir y creer que Dios está con nosotros y que nosotros estamos con Él, todos hijos y hermanos gracias a aquel Niño Hijo de Dios y de la Virgen María. Y a sentir que en esto está la felicidad. Que en la escuela de san Francisco abramos el corazón a esta gracia sencilla, dejemos que del asombro nazca una oración humilde: nuestro “gracias” a Dios, que ha querido compartir todo con nosotros para no dejarnos nunca solos.

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Dado en Greccio, en el Santuario del Pesebre, 1 de diciembre de 2019.

Primer domingo del Tiempo de Adviento.

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Francisco

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[1] Tomás de Celano, Vida Primera, 84: Fuentes franciscanas (FF), n. 468

[2] f. ibíd., 85: FF, n. 469

[3] bíd., 86: FF, n. 470.


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Gentileza de la Oficina de Prensa de la Santa Sede

Procesado por la Oficina de Prensa y Comunicación de la Conferencia Episcopal Argentina

Colecta Nacional de Ayuda al Migrante y Refugiado

30/11/2019

Bajo el lema del Papa Francisco «No se trata sólo de migrantes» se llevará a cabo el próximo 30 de noviembre y 1 de diciembre la Colección Nacional de Ayuda al Migrante y Refugiado.

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El Papa Francisco nos dice: “No se trata sólo de Migrantes”, nos dice que se trata también de nuestros miedos, de la caridad, de nuestra humanidad, de no excluir a nadie, de poner a los últimos en el primer lugar, de la persona en su completa y de todas las personas, de construir la ciudad de Dios y del hombre. “No solo está en el juego la causa de los migrantes, no se trata solo de ellos, sino de todos nosotros, del presente y del futuro de la familia humana”.

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¿CÓMO COLABORAR? 
El 30 de noviembre y 1 de diciembre podés acercar tu colaboración a todas las Parroquias, Capillas y Centros Misioneros de nuestro país. Para más información sobre la Colección y cómo colaborar, comunicate al (011) 4963-1520 o mail@cemi.org.ar.

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Además, pueden colaborar con la colección de operaciones un depósito o una transferencia bancaria a:
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FUNDACIÓN COMISIÓN CATÓLICA ARGENTINA DE MIGRACIONES
Banco Santander Río - Suc. 195 / Cuenta Corriente N ° 195-3166 / 2
CBU: 07201956 20000000316622
CUIT: 30-68338855 / 2

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¡Confiamos en tu ayuda!

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Videos sobre la Colecta Nacional de Ayuda al Migrante y Refugiado 2019 en:

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Promoción Institucional para la Colecta Nacional de Ayuda al Migrante Refugiado

Mensaje de los Obispos de la Comisión Episcopal para la Pastoral de Migrantes e Itinerantes

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Comisión Episcopal para la Pastoral de Migrantes e Itinerantes, CEMI

Oficina de Prensa y Comunicación

Conferencia Episcopal Argentina

Reunión del Área para el Cuidado de la Vida Comisión Episcopal para la Vida, los Laicos y la Familia

28/11/2019

El día miércoles 20 de noviembre se reunió en sede de la Conferencia Episcopal Argentina, el Área para el Cuidado de la Vida y la Niñez dependiente de la Comisión Episcopal para la Vida, los Laicos y la Familia.

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Ante una numerosa concurrencia proveniente de movimientos e instituciones que trabajan por la vida, se han presentado dos subsidios al documento El Dios de la Vida y del Amor Humano.

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Durante el encuentro se ofrecieron algunos aportes para una reflexión sobre la vida especialmente para este Tiempo de Adviento que se acerca como preparación para la Navidad.

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El encuentro se desarrolló en  tres momentos:

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1. La presentación de quienes forman el Área Pastoral del Cuidado de la Vida y la Niñez: Grávida, El Viñedo de Raquel, Caritas Nacional en el proyecto de atención a la primera infancia, Proyecto Esperanza y Hogares del Abrazo Maternal y los miembros del Área de la Niñez de la CEA. La introducción y presentación estuvo a cargo de Fernanda González, coordinadora del Área.

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2. Una breve presentación del documento El Dios de la Vida y del Amor Humano a cargo del P. Gustavo Antico, Secretario Ejecutivo de la Comisión Episcopal para la Vida, los Laicos y la Familia (CEVILAF).

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3. Las palabras finales estuvieron a cargo de Mons. Ernesto Giobando SJ dando a conocer los dos anexos y subsidios.

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En el encuentro los asistentes expresaron su deseo de anunciar el don y valor de la vida revelada en el Señor de la Vida que celebraremos en la Navidad.

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Buenos Aires, jueves 28 de noviembre de 2019.

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Comisión Episcopal para la Vida, los Laicos y la Familia, CEVILAF

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Mensaje de los Obispos de San Isidro ante el trágico accidente sobre la Ruta 2

29/11/2019

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