Mensaje del Papa Francisco para la LIV Jornada mundial de las comunicaciones sociales

24/01/2020

Compartimos a continuación el mensaje del Santo Padre Francisco para la LIV Jornada mundial de las comunicaciones sociales que este año se celebra en muchos países el domingo 24 de mayo, solemnidad de la Ascensión del Señor.

Mensaje del Santo Padre

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Para que puedas contar y grabar en la memoria (cf. Ex 10,2)

 

La vida se hace historia

 

            Quiero dedicar el Mensaje de este año al tema de la narración, porque creo que para no perdernos necesitamos respirar la verdad de las buenas historias: historias que construyan, no que destruyan; historias que ayuden a reencontrar las raíces y la fuerza para avanzar juntos. En medio de la confusión de las voces y de los mensajes que nos rodean, necesitamos una narración humana, que nos hable de nosotros y de la belleza que poseemos. Una narración que sepa mirar al mundo y a los acontecimientos con ternura; que cuente que somos parte de un tejido vivo; que revele el entretejido de los hilos con los que estamos unidos unos con otros.

 

1.         Tejer historias

 

            El hombre es un ser narrador. Desde la infancia tenemos hambre de historias como tenemos hambre de alimentos. Ya sean en forma de cuentos, de novelas, de películas, de canciones, de noticias…, las historias influyen en nuestra vida, aunque no seamos conscientes de ello. A menudo decidimos lo que está bien o mal hacer basándonos en los personajes y en las historias que hemos asimilado. Los relatos nos enseñan; plasman nuestras convicciones y nuestros comportamientos; nos pueden ayudar a entender y a decir quiénes somos.

 

            El hombre no es solamente el único ser que necesita vestirse para cubrir su vulnerabilidad (cf. Gn 3,21), sino que también es el único ser que necesita “revestirse” de historias para custodiar su propia vida. No tejemos sólo ropas, sino también relatos: de hecho, la capacidad humana de “tejer” implica tanto a los tejidos como a los textos. Las historias de cada época tienen un “telar” común: la estructura prevé “héroes”, también actuales, que para llevar a cabo un sueño se enfrentan a situaciones difíciles, luchan contra el mal empujados por una fuerza que les da valentía, la del amor. Sumergiéndonos en las historias, podemos encontrar motivaciones heroicas para enfrentar los retos de la vida.

 

            El hombre es un ser narrador porque es un ser en realización, que se descubre y se enriquece en las tramas de sus días. Pero, desde el principio, nuestro relato se ve amenazado: en la historia serpentea el mal.

 

2.         No todas las historias son buenas

 

            «El día en que comáis de él, […] seréis como Dios» (cf. Gn 3,5). La tentación de la serpiente introduce en la trama de la historia un nudo difícil de deshacer. “Si posees, te convertirás, alcanzarás...”, susurra todavía hoy quien se sirve del llamado storytelling con fines instrumentales. Cuántas historias nos narcotizan, convenciéndonos de que necesitamos continuamente tener, poseer, consumir para ser felices. Casi no nos damos cuenta de cómo nos volvemos ávidos de chismes y de habladurías, de cuánta violencia y falsedad consumimos. A menudo, en los telares de la comunicación, en lugar de relatos constructivos, que son un aglutinante de los lazos sociales y del tejido cultural, se fabrican historias destructivas y provocadoras, que desgastan y rompen los hilos frágiles de la convivencia. Recopilando información no contrastada, repitiendo discursos triviales y falsamente persuasivos, hostigando con proclamas de odio, no se teje la historia humana, sino que se despoja al hombre de la dignidad.

 

            Pero mientras que las historias utilizadas con fines instrumentales y de poder tienen una vida breve, una buena historia es capaz de trascender los límites del espacio y del tiempo. A distancia de siglos sigue siendo actual, porque alimenta la vida. En una época en la que la falsificación es cada vez más sofisticada y alcanza niveles exponenciales (el deepfake), necesitamos sabiduría para recibir y crear relatos bellos, verdaderos y buenos. Necesitamos valor para rechazar los que son falsos y malvados. Necesitamos paciencia y discernimiento para redescubrir historias que nos ayuden a no perder el hilo entre las muchas laceraciones de hoy; historias que saquen a la luz la verdad de lo que somos, incluso en la heroicidad ignorada de la vida cotidiana.

 

3.         La Historia de las historias

 

            La Sagrada Escritura es una Historia de historias. ¡Cuántas vivencias, pueblos, personas nos presenta! Nos muestra desde el principio a un Dios que es creador y narrador al mismo tiempo. En efecto, pronuncia su Palabra y las cosas existen (cf. Gn 1). A través de su narración Dios llama a las cosas a la vida y, como colofón, crea al hombre y a la mujer como sus interlocutores libres, generadores de historia junto a Él. En un salmo, la criatura le dice al Creador: «Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno. Te doy gracias porque son admirables tus obras […], no desconocías mis huesos. Cuando, en lo oculto, me iba formando, y entretejiendo en lo profundo de la tierra» (139,13-15). No nacemos realizados, sino que necesitamos constantemente ser “tejidos” y “bordados”. La vida nos fue dada para invitarnos a seguir tejiendo esa “obra admirable” que somos.

 

En este sentido, la Biblia es la gran historia de amor entre Dios y la humanidad. En el centro está Jesús: su historia lleva al cumplimiento el amor de Dios por el hombre y, al mismo tiempo, la historia de amor del hombre por Dios. El hombre será llamado así, de generación en generación, a contar y a grabar en su memoria los episodios más significativos de esta Historia de historias, los que puedan comunicar el sentido de lo sucedido.

 

            El título de este Mensaje está tomado del libro del Éxodo, relato bíblico fundamental, en el que Dios interviene en la historia de su pueblo. De hecho, cuando los hijos de Israel estaban esclavizados clamaron a Dios, Él los escuchó y rememoró: «Dios se acordó de su alianza con Abrahán, Isaac y Jacob. Dios se fijó en los hijos de Israel y se les apareció» (Ex 2, 24-25). De la memoria de Dios brota la liberación de la opresión, que tiene lugar a través de signos y prodigios. Es entonces cuando el Señor revela a Moisés el sentido de todos estos signos: «Para que puedas contar [y grabar en la memoria] de tus hijos y nietos […] los signos que realicé en medio de ellos. Así sabréis que yo soy el Señor» (Ex 10,2). La experiencia del Éxodo nos enseña que el conocimiento de Dios se transmite sobre todo contando, de generación en generación, cómo Él sigue haciéndose presente. El Dios de la vida se comunica contando la vida.

 

            El mismo Jesús hablaba de Dios no con discursos abstractos, sino con parábolas, narraciones breves, tomadas de la vida cotidiana. Aquí la vida se hace historia y luego, para el que la escucha, la historia se hace vida: esa narración entra en la vida de quien la escucha y la transforma.

 

            No es casualidad que también los Evangelios sean relatos. Mientras nos informan sobre Jesús, nos “performan[1] a Jesús, nos conforman a Él: el Evangelio pide al lector que participe en la misma fe para compartir la misma vida. El Evangelio de Juan nos dice que el Narrador por excelencia —el Verbo, la Palabra— se hizo narración: «El Hijo único, que está en el seno del Padre, Él lo ha contado» (cf. Jn 1,18). He usado el término “contado” porque el original exeghésato puede traducirse sea como “revelado” que como “contado”. Dios se ha entretejido personalmente en nuestra humanidad, dándonos así una nueva forma de tejer nuestras historias

 

4.         Una historia que se renueva

 

            La historia de Cristo no es patrimonio del pasado, es nuestra historia, siempre actual. Nos muestra que a Dios le importa tanto el hombre, nuestra carne, nuestra historia, hasta el punto de hacerse hombre, carne e historia. También nos dice que no hay historias humanas insignificantes o pequeñas. Después de que Dios se hizo historia, toda historia humana es, de alguna manera, historia divina. En la historia de cada hombre, el Padre vuelve a ver la historia de su Hijo que bajó a la tierra. Toda historia humana tiene una dignidad que no puede suprimirse. Por lo tanto, la humanidad se merece relatos que estén a su altura, a esa altura vertiginosa y fascinante a la que Jesús la elevó.

 

            Escribía san Pablo: «Sois carta de Cristo […] escrita no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en las tablas de corazones de carne» (2 Co 3,3). El Espíritu Santo, el amor de Dios, escribe en nosotros. Y, al escribir dentro, graba en nosotros el bien, nos lo recuerda. Re-cordar significa efectivamente llevar al corazón, “escribir” en el corazón. Por obra del Espíritu Santo cada historia, incluso la más olvidada, incluso la que parece estar escrita con los renglones más torcidos, puede volverse inspirada, puede renacer como una obra maestra, convirtiéndose en un apéndice del Evangelio. Como las Confesiones de Agustín. Como El Relato del Peregrino de Ignacio. Como la Historia de un alma de Teresita del Niño Jesús. Como Los Novios, como Los Hermanos Karamazov. Como tantas innumerables historias que han escenificado admirablemente el encuentro entre la libertad de Dios y la del hombre. Cada uno de nosotros conoce diferentes historias que huelen a Evangelio, que han dado testimonio del Amor que transforma la vida. Estas historias requieren que se las comparta, se las cuente y se las haga vivir en todas las épocas, con todos los lenguajes y por todos los medios.

 

5.         Una historia que nos renueva

 

            En todo gran relato entra en juego el nuestro. Mientras leemos la Escritura, las historias de los santos, y también esos textos que han sabido leer el alma del hombre y sacar a la luz su belleza, el Espíritu Santo es libre de escribir en nuestro corazón, renovando en nosotros la memoria de lo que somos a los ojos de Dios. Cuando rememoramos el amor que nos creó y nos salvó, cuando ponemos amor en nuestras historias diarias, cuando tejemos de misericordia las tramas de nuestros días, entonces pasamos página. Ya no estamos anudados a los recuerdos y a las tristezas, enlazados a una memoria enferma que nos aprisiona el corazón, sino que abriéndonos a los demás, nos abrimos a la visión misma del Narrador. Contarle a Dios nuestra historia nunca es inútil; aunque la crónica de los acontecimientos permanezca inalterada, cambian el sentido y la perspectiva. Contarse al Señor es entrar en su mirada de amor compasivo hacia nosotros y hacia los demás. A Él podemos narrarle las historias que vivimos, llevarle a las personas, confiarle las situaciones. Con Él podemos anudar el tejido de la vida, remendando los rotos y los jirones. ¡Cuánto lo necesitamos todos!

 

            Con la mirada del Narrador —el único que tiene el punto de vista final— nos acercamos luego a los protagonistas, a nuestros hermanos y hermanas, actores a nuestro lado de la historia de hoy. Sí, porque nadie es un extra en el escenario del mundo y la historia de cada uno está abierta a la posibilidad de cambiar. Incluso cuando contamos el mal podemos aprender a dejar espacio a la redención, podemos reconocer en medio del mal el dinamismo del bien y hacerle sitio.

 

            No se trata, pues, de seguir la lógica del storytelling, ni de hacer o hacerse publicidad, sino de rememorar lo que somos a los ojos de Dios, de dar testimonio de lo que el Espíritu escribe en los corazones, de revelar a cada uno que su historia contiene obras maravillosas. Para ello, nos encomendamos a una mujer que tejió la humanidad de Dios en su seno y —dice el Evangelio— entretejió todo lo que le sucedía. La Virgen María lo guardaba todo, meditándolo en su corazón (cf. Lc 2,19). Pidamos ayuda a aquella que supo deshacer los nudos de la vida con la fuerza suave del amor:

 

            Oh María, mujer y madre, tú tejiste en tu seno la Palabra divina, tú narraste con tu vida las obras magníficas de Dios. Escucha nuestras historias, guárdalas en tu corazón y haz tuyas esas historias que nadie quiere escuchar. Enséñanos a reconocer el hilo bueno que guía la historia. Mira el cúmulo de nudos en que se ha enredado nuestra vida, paralizando nuestra memoria. Tus manos delicadas pueden deshacer cualquier nudo. Mujer del Espíritu, madre de la confianza, inspíranos también a nosotros. Ayúdanos a construir historias de paz, historias de futuro. Y muéstranos el camino para recorrerlas juntos.

 

 

Vaticano, 24 de enero de 2020, fiesta de san Francisco de Sales.

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FRANCISCO

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[1] Cf. Benedicto XVI, Carta enc. Spe salvi, 2: «El mensaje cristiano no era sólo “informativo”, sino “performativo”. Eso significa que el Evangelio no es solamente una comunicación de cosas que se pueden saber, sino una comunicación que comporta hechos y cambia la vida».

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© Copyright - Libreria Editrice Vaticana

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Gentileza de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, a través de press.vatican.va.

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Conferencia Episcopal Argentina

DeNAPBi: Domingo de la Palabra de Dios

17/01/2020

El Departamento Nacional de Animacion y Pastoral Biblica (DeNAPBi) de la Conferencia Episcopal Argentina elaboró un subsidio para la animación y celebración del Domingo de la Palabra de Dios.

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Descarga del documento en: Año de la Palabra de Dios.

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Oficina de Prensa y Comunicación

Conferencia Episcopal Argentina

Fallecimiento de Monseñor Fernando Gil, Obispo de Salto, Uruguay

17/01/2020

Desde la de Diócesis de Salto, informaron el fallecimiento de Monseñor Fernando Gil (1953-2020). Nos unimos en la oración por su eterno descanso. Damos gracias a Dios por su vida, ministerio y corazón de Pastor, especialmente en la Iglesia particular de Merlo-Moreno y en la Facultad de Teología en la Universidad Católica Argentina.

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El presbítero doctor Fernando Miguel Gil Eisner nació en Montevideo el 8 de mayo de 1953 y está radicado en Argentina desde 1966. En 1976 comenzó sus estudios de Filosofía y Teología y el 25 de marzo de 1983 fue ordenado sacerdote en la diócesis de Morón, en el Gran Buenos Aires. En 1986 obtuvo la licenciatura en Teología en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica Argentina Santa María de los Buenos Aires (UCA) y en 1989 el grado de doctor en Historia de la Teología, por la Universidad Gregoriana de Roma.

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Ejerció los primeros años de su ministerio como vicario de la parroquia San José, de Moreno, que en ese momento abarcaba las actuales parroquias de María Madre de Dios, María Auxiliadora y San José. Fue en distintos momentos administrador parroquial de esas parroquias, párroco de Nuestra Señora del Rosario de Fátima en Merlo y, actualmente, párroco de María Auxiliadora en Moreno.

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En la diócesis de Merlo-Moreno prestó su servicio como asesor diocesano de catequesis, director del Seminario Catequístico San Juan Diego, miembro del Consejo Presbiteral, del Colegio de Consultores y del Equipo Diocesano de formación permanente. Es miembro y asesor del movimiento de espiritualidad “Soledad Mariana” desde sus orígenes (1976) hasta la actualidad. Recientemente fue nombrado director espiritual del Seminario de Morón.

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A la par de sus tareas pastorales, ejerce la docencia en el Departamento de Historia de la Iglesia de la Facultad de Teología de la UCA y desde 2003 es director de la Biblioteca de la Facultad de Teología de la misma Universidad. En 2008 fue nombrado vicedecano de la Facultad de Teología quedando luego a cargo del decanato entre 2009 y 2011.

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Entre 1986 y 2007 fue director del Instituto San José del Seminario de Morón (afiliado a la UCA). Ha sido profesor también en el Instituto Teológico Franciscano Fray Luis Bolaños (Buenos Aires), 1993-2009; en el Instituto San Juan María Vianney del Seminario de Mercedes, 1992-1997; en el Instituto Superior de Estudios Teológicos Cristo Buen Pastor de los Salesianos, 2000-2002, y en el Cebitepal, Celam, Bogotá, 2016-2018.

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Es miembro del Comité de Historia de la Comisión Arquidiocesana de Cultura; miembro de número de la Junta de Historia Eclesiástica Argentina; miembro del Instituto de Historia del Derecho Canónico Indiano perteneciente a la Facultad de Derecho Canónico de la UCA e integra el Instituto Bonaerense de Numismática y Antigüedades.

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Monseñor Gil ha publicado regularmente obras relacionadas con la Historia de la Iglesia y la Historia de la Teología. +

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Gentileza Agencia Informativa Católica Argentina - AICA -

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Oficina de Prensa y Comunicación

Conferencia Episcopal Argentina

Bautismo del Señor

12/01/2020

Celebramos hoy la festividad del Bautismo del Señor; por el cual Jesús de Nazaret recibe el don de su mision de construir el Reino de Dios.

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Oficina de Prensa y Comunicación

Conferencia Episcopal Argentina

Por la emergencia alimentaria, Cáritas distribuyó 810.000 kilos de alimentos en el interior del país

09/01/2020

Entre el 27 de septiembre y el 18 de octubre de 2019, Cáritas distribuyó en 54 diócesis a lo largo y ancho del país, 810 toneladas de alimentos otorgados por el Ministerio de Salud y Desarrollo Social de la Nación, cuyo valor aproximado alcanza los 77 millones de pesos, en el marco de la emergencia alimentaria decretada entonces.  A su vez el organismo de la Iglesia Católica realizó una campaña de recaudación de fondos, que entre mayo y diciembre reunió $ 1.626.020 que fueron destinados a asistir a 755 niños y a 2.358 familias en comedores y merenderos de las Diócesis de Añatuya (Santiago del Estero), Concepción de Tucumán (Tucumán), Esquel (Chubut), Jujuy (Jujuy), Oberá (Misiones), Paraná (Entre Ríos), Reconquista (Santa Fe) y Salta (Salta).

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“El despliegue logístico que requiere este trabajo de asistencia nos exigió al máximo, pero a pesar del esfuerzo de nuestros voluntarios aún observamos un alto porcentaje de personas en situación de pobreza. Creemos que esto se debe a que cada día son más los necesitados de alimentación básica: los aumentos de precios y la falta de trabajo dificultan el acceso a una población vulnerable creciente” afirma Sofía Terek, Coordinadora del área de Ayuda Inmediata y Emergencias. Entre los alimentos distribuidos hay leche, arvejas, carne enlatada, yerba, aceite, arroz, fideos, polenta, puré de tomate, harina (de maíz y trigo).

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Cáritas trabaja para dar respuesta a las problemáticas sociales de las comunidades excluidas y personas en situaciones de pobreza y emergencia del país, entre sus programas ofrece ayuda inmediata con 180 mil bolsones de alimentos al mes y 600 mil viandas. A su vez cuenta con más de 760 comedores y más de 3.000 lugares donde se brindan desayunos, meriendas y “copas de leche” a niños pequeños, en edad escolar, adolescentes, mujeres embarazadas y adultos mayores.

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El titular de Cáritas Argentina, Monseñor Carlos Tissera, recuerda al comenzar el año que la realidad del hambre y de los que sufren es dura pero que la Iglesia a través de Cáritas da esperanza a la gente. “Nuestro modelo es Cristo que vino a servir con sencillez y humildad”.

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Cáritas Argentina

“En la Cruz, Jesús nos perdona y enseña a perdonar”: Carta de Monseñor Canecin a los peregrinos de la Cruz Gil

08/01/2020

Carta de Monseñor Adolfo Canecin, Obispo de Goya, Corrientes a “todos mis hermanos peregrinos y devotos de la Cruz Gil”.

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“En la Cruz, Jesús nos perdona y enseña a perdonar”

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Desde que asumí como Obispo (24/9/15), en continuidad con los Obispos anteriores, me propuse acompañarlos en “su peregrinar y religiosa devoción” de varias maneras; una de ellas a través de las Cartas Pastorales anuales:

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  • 2016: “Mira la Cruz, fue por ti, porque te amo”.
  • 2017: “Mirando la Cruz aprendemos a amar a Dios y a los hermanos”.
  • 2018: “La Cruz camino de los discípulos-misioneros de Jesús”.
  • 2019: “En la Cruz, Jesús nos dio a su Madre”. [c].

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Este año quiero invitarlos -junto a la Cruz- a recibir el mejor de los regalos y a aprender a darlo a los demás. Nos dice la Palabra de Dios: [c] “Cuando llegaron al lugar llamado «Calvario», lo crucificaron junto a los malhechores, uno a su derecha y otro a su izquierda. Jesús decía: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lc 23, 33-34).

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Jesús asumió la Cruz:

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  • Libremente: “Nadie me quita la vida, yo la doy voluntariamente” (Jn 10, 18).
  • Por obediencia al Padre: “Padre mío, si es posible, que pase lejos de mi este cáliz, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Mt 26, 39).
  • Por amor a los hombres: “Los amó hasta el extremo” (Jn 13,1).

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Y desde la Cruz dice: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.
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¡Qué coherencia la de Jesús! ¡Enseña lo que vive y vive lo que enseña! A la pregunta de Pedro: «¿Cuántas veces debo perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?» Jesús responde: «Hasta setenta veces siete»” (Mt 18, 22). Además, supo enseñar: “Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian…perdonen y serán perdonados.” (Lc 6, 27-37).
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Hermanos peregrinos y devotos de la Cruz Gil, los invito a acercarse a la Cruz, a contemplarla, a tocarla con profunda fe, así podrán también ustedes escuchar en su corazón las palabras de Jesús: “Padre, perdónalos”. Les propongo hacer la misma experiencia de amor y misericordia que hizo uno de los hombres que estaba crucificado con Él al decirle: “«Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino». Y Jesús le respondió: «Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso»”. (Lc 23. 42-43).

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Que esta experiencia sea el mejor regalo de Jesús para cada uno de ustedes en su religioso, sacrificado y devoto peregrinar. Que esta vivencia sea tan intensa y transformante para que puedan regresar a sus lugares de origen con el firme propósito de compartir con los demás el regalo de Jesús: Su Perdón.

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Anhelando que tengan una buena estadía y un feliz regreso a sus hogares les pido que como “auténticos peregrinos y devotos de la Cruz Gil”, lo manifiesten en su cotidiano vivir por la capacidad de perdonar, incluso a los enemigos.

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“¡Los bendigo y abrazo deseándoles Feliz Año Nuevo!”

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Monseñor Adolfo Canecin, Obispo de Goya.

Jueves 8 de enero de 2020.-

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Oficina de Prensa y Comunicación

Conferencia Episcopal Argentina

Epifanía del Señor

06/01/2020

Celebramos la fiesta de la Epifanía del Señor. “la adoración es un gesto de amor que cambia la vida” porque es actuar como los Magos dice el Papa Francisco.

En este día, como los Reyes Magos, experimentaremos una inmensa alegría.

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Oficina de Prensa y Comunicación
ConferenciaEpiscopalArgentina

Homilía del Santo Padre Francisco en la Solemnidad de la Epifanía del Señor

06/01/2020

Cáritas Argentina: Los argentinos tenemos que poner a la dignidad humana

04/01/2020

En un comunicado difundido ayer, los obispos de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina, expresaron su preocupación por la deuda social de los argentinos, ante la inminente negociación por la deuda externa. El problema no es sólo económico o estadístico: detrás de los números hay rostros e historias de sufrimiento, desamparo, carencias materiales y espirituales.

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Desde Cáritas Argentina acompañamos esa inquietud y pedimos a las autoridades poner a la dignidad humana en el centro de la discusión, pensando en el bien común, para que la política y la economía se coloquen decididamente al servicio de una vida mejor para todos. Conocemos bien las consecuencias para nuestro pueblo cuando el eje son los acreedores y no la mesa de los argentinos.

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En ese sentido, reafirmamos nuestro compromiso y esfuerzo para que se profundicen acciones que se sustenten en la ética y en el diálogo social, anteponiendo el encuentro sectorial, el trabajo argentino, la dignidad de las familias y el crecimiento económico.

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En Cáritas trabajamos cotidianamente para transformar la vida de las familias y las comunidades, promoviendo la dignidad de las personas, fortaleciendo la cultura del trabajo, la educación y la solidaridad. Nuestro principal desafío es llevar esperanza y oportunidades para salir de la pobreza. Todos somos hijos de Dios.

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Bajo la protección de la Virgen de Luján, Madre de los argentinos, convocamos a todos a sumarse para orientar juntos nuestros esfuerzos en restituir la dignidad de las personas y la esperanza en una vida plena, espiritual y material.

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Mons. Carlos Tissera
Obispo de Quilmes
Presidente de Cáritas Argentina

Mensaje del Santo Padre Francisco para la XXVIII Jornada Mundial del Enfermo

03/01/2020

La Santa Sede

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO

PARA LA XXVIII JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO

11 de febrero de 2020

 

«Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados,
y yo os aliviaré» (Mt 11,28)

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Queridos hermanos y hermanas:

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1. Las palabras que pronuncia Jesús: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré» (Mt 11,28) indican el camino misterioso de la gracia que se revela a los sencillos y que ofrece alivio a quienes están cansados y fatigados. Estas palabras expresan la solidaridad del Hijo del hombre, Jesucristo, ante una humanidad afligida y que sufre. ¡Cuántas personas padecen en el cuerpo y en el espíritu! Jesús dice a todos que acudan a Él, «venid a mí», y les promete alivio y consuelo. «Cuando Jesús dice esto, tiene ante sus ojos a las personas que encuentra todos los días por los caminos de Galilea: mucha gente sencilla, pobres, enfermos, pecadores, marginados... del peso de la ley del sistema social opresivo... Esta gente lo ha seguido siempre para escuchar su palabra, ¡una palabra que daba esperanza!» (Ángelus, 6 julio 2014).

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En la XXVIII Jornada Mundial del Enfermo, Jesús dirige una invitación a los enfermos y a los oprimidos, a los pobres que saben que dependen completamente de Dios y que, heridos por el peso de la prueba, necesitan ser curados. Jesucristo, a quien siente angustia por su propia situación de fragilidad, dolor y debilidad, no impone leyes, sino que ofrece su misericordia, es decir, su persona salvadora. Jesús mira la humanidad herida. Tiene ojos que ven, que se dan cuenta, porque miran profundamente, no corren indiferentes, sino que se detienen y abrazan a todo el hombre, a cada hombre en su condición de salud, sin descartar a nadie, e invita a cada uno a entrar en su vida para experimentar la ternura.

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2. ¿Por qué Jesucristo nutre estos sentimientos? Porque él mismo se hizo débil, vivió la experiencia humana del sufrimiento y recibió a su vez consuelo del Padre. Efectivamente, sólo quien vive en primera persona esta experiencia sabrá ser consuelo para otros. Las formas graves de sufrimiento son varias: enfermedades incurables y crónicas, patologías psíquicas, las que necesitan rehabilitación o cuidados paliativos, las diversas discapacidades, las enfermedades de la infancia y de la vejez… En estas circunstancias, a veces se percibe una carencia de humanidad y, por eso, resulta necesario personalizar el modo de acercarse al enfermo, añadiendo al curar el cuidar, para una recuperación humana integral. Durante la enfermedad, la persona siente que está comprometida no sólo su integridad física, sino también sus dimensiones relacionales, intelectiva, afectiva y espiritual; por eso, además de los tratamientos espera recibir apoyo, solicitud, atención… en definitiva, amor. Por otra parte, junto al enfermo hay una familia que sufre, y a su vez pide consuelo y cercanía.

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3. Queridos hermanos y hermanas enfermos: A causa de la enfermedad, estáis de modo particular entre quienes, “cansados y agobiados”, atraen la mirada y el corazón de Jesús. De ahí viene la luz para vuestros momentos de oscuridad, la esperanza para vuestro desconsuelo. Jesús os invita a acudir a Él: «Venid». En Él, efectivamente, encontraréis la fuerza para afrontar las inquietudes y las preguntas que surgen en vosotros, en esta “noche” del cuerpo y del espíritu. Sí, Cristo no nos ha dado recetas, sino que con su pasión, muerte y resurrección nos libera de la opresión del mal.

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En esta condición, ciertamente, necesitáis un lugar para restableceros. La Iglesia desea ser cada vez más —y lo mejor que pueda— la “posada” del Buen Samaritano que es Cristo (cf. Lc 10,34), es decir, la casa en la que podéis encontrar su gracia, que se expresa en la familiaridad, en la acogida y en el consuelo. En esta casa, podréis encontrar personas que, curadas por la misericordia de Dios en su fragilidad, sabrán ayudaros a llevar la cruz haciendo de las propias heridas claraboyas a través de las cuales se pueda mirar el horizonte más allá de la enfermedad, y recibir luz y aire puro para vuestra vida.

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En esta tarea de procurar alivio a los hermanos enfermos se sitúa el servicio de los agentes sanitarios, médicos, enfermeros, personal sanitario y administrativo, auxiliares y voluntarios que actúan con competencia haciendo sentir la presencia de Cristo, que ofrece consuelo y se hace cargo de la persona enferma curando sus heridas. Sin embargo, ellos son también hombres y mujeres con sus fragilidades y sus enfermedades. Para ellos valen especialmente estas palabras: «Una vez recibido el alivio y el consuelo de Cristo, estamos llamados a su vez a convertirnos en descanso y consuelo para los hermanos, con actitud mansa y humilde, a imitación del Maestro» (Ángelus, 6 julio 2014).

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4. Queridos agentes sanitarios: Cada intervención de diagnóstico, preventiva, terapéutica, de investigación, cada tratamiento o rehabilitación se dirige a la persona enferma, donde el sustantivo “persona” siempre está antes del adjetivo “enferma”. Por lo tanto, que vuestra acción tenga constantemente presente la dignidad y la vida de la persona, sin ceder a actos que lleven a la eutanasia, al suicidio asistido o a poner fin a la vida, ni siquiera cuando el estado de la enfermedad sea irreversible.

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En la experiencia del límite y del posible fracaso de la ciencia médica frente a casos clínicos cada vez más problemáticos y a diagnósticos infaustos, estáis llamados a abriros a la dimensión trascendente, que puede daros el sentido pleno de vuestra profesión. Recordemos que la vida es sagrada y pertenece a Dios, por lo tanto, es inviolable y no se puede disponer de ella (cf. Instr. Donum vitae, 5; Carta enc. Evangelium vitae, 29-53). La vida debe ser acogida, tutelada, respetada y servida desde que surge hasta que termina: lo requieren simultáneamente tanto la razón como la fe en Dios, autor de la vida. En ciertos casos, la objeción de conciencia es para vosotros una elección necesaria para ser coherentes con este “sí” a la vida y a la persona. En cualquier caso, vuestra profesionalidad, animada por la caridad cristiana, será el mejor servicio al verdadero derecho humano, el derecho a la vida. Aunque a veces no podáis curar al enfermo, sí que podéis siempre cuidar de él con gestos y procedimientos que le den alivio y consuelo.

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Lamentablemente, en algunos contextos de guerra y de conflicto violento, el personal sanitario y los centros que se ocupan de dar acogida y asistencia a los enfermos están en el punto de mira. En algunas zonas, el poder político también pretende manipular la asistencia médica a su favor, limitando la justa autonomía de la profesión sanitaria. En realidad, atacar a aquellos que se dedican al servicio de los miembros del cuerpo social que sufren no beneficia a nadie.

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5. En esta XXVIII Jornada Mundial del Enfermo, pienso en los numerosos hermanos y hermanas que, en todo el mundo, no tienen la posibilidad de acceder a los tratamientos, porque viven en la pobreza. Me dirijo, por lo tanto, a las instituciones sanitarias y a los Gobiernos de todos los países del mundo, a fin de que no desatiendan la justicia social, considerando solamente el aspecto económico. Deseo que, aunando los principios de solidaridad y subsidiariedad, se coopere para que todos tengan acceso a los cuidados adecuados para la salvaguardia y la recuperación de la salud. Agradezco de corazón a los voluntarios que se ponen al servicio de los enfermos, que suplen en muchos casos carencias estructurales y reflejan, con gestos de ternura y de cercanía, la imagen de Cristo Buen Samaritano.

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Encomiendo a la Virgen María, Salud de los enfermos, a todas las personas que están llevando el peso de la enfermedad, así como a sus familias y a los agentes sanitarios. A todos, con afecto, les aseguro mi cercanía en la oración y les imparto de corazón la Bendición Apostólica.

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Vaticano, 3 de enero de 2020

Memoria del Santísimo Nombre de Jesús

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Francisco

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© Copyright - Libreria Editrice Vaticana

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Gentileza de la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

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